Si te quedaste prendado del hygge, la felicidad danesa por las situaciones ‘cozy’, ¡atención! Porque hay un nuevo estilo de vida procedente de Suecia y en dirección al mundo, llamado langom y basado en la felicidad que reporta el no aspirar a tenerlo todo. Una oda a la moderación que ensalza la satisfacción (y la buena contribución) que reporta vivir buscando siempre la opción más equilibrada. 


La felicidad de las pequeñas cosas. En un tiempo en el que todo parece ser MÁS (todo, excepto el tiempo), conceptos que definen una felicidad humilde y sencilla cruzan fronteras y llegan a nuestra vidas para hablarnos de lo que verdaderamente importa. Hace un tiempo, en Gabol os presentábamos Hygge, la felicidad danesa que todos quieren’, un término que describe la felicidad que va más allá de la ‘simple’ alegría, aquélla que se produce en momentos confortables e íntimos, como al tomar una taza de chocolate caliente frente al fuego o al charlar en una cafetería con tu mejor amigo/a. Pues bien, justo cuando empezábamos a familiarizarnos con el concepto, llega langom, un nuevo término procedente de Suecia basado en la felicidad que reporta el no aspirar a tenerlo todo. De nuevo, la felicidad de las pequeñas cosas.

Langom y hygge tienen en común que no tienen traducción literal: sólo existen en sus respectivos países y significan ‘la cantidad justa’; y que en Inglaterra comienzan a ser todo un fenómeno (sin ir más lejos, en la ciudad de Bristol está la sede de la revista Lagom, que se publica dos veces al año con reportajes de estilo de vida basados en esta filosofía). Sin embargo, a diferencia de hygge que se basa en capturar la esencia de un momento fugaz y lleno de comodidades, langom es una oda a la moderación y a la frugalidad. Un estilo de vida basado en el término medio que no renuncia a darse algún capricho. Pequeños gestos diarios que buscan siempre la opción más equilibrada reportando una satisfacción para ti y una buena contribución a tu entorno. Como por ejemplo, tomar una onza de chocolate todos los días (pero nunca llegar a darse un atracón), caminar en lugar de coger el coche, cerrar el grifo mientras te lavas los dientes, aprovechar el pan duro para hacer pudín, cultivar tus propias hierbas aromáticas o coger la maleta y lanzarte a viajar siempre que quieras sin esperar a tener todos los ahorros del mundo. ¡Que viva el langom!