Viajamos a la región vinícola del Tarn, uno de los grandes tesoros del Sur de Francia. Conocida por ser el hogar del pintor postimpresionista Toulouse-Lautrec, esta región vecina de la popular Toulouse, es un desconocido remanso de paz y autenticidad. Un paisaje rural que guarda los llamados ‘pueblos más bonitos de Francia’, cubierto de una bruma dorada de viñas y campos de girasoles. Aquí nace el vino más antiguo del país, se cultivan manjares como el ajo rosa que junto con otras delicias de la tierra acaba en tradicionales mercados ambulantes, y se come la rica Casoulette. Te recomendamos perderte por sus pueblos, hospedarte en alguna de sus muchas casas u hoteles rurales cargadas de encanto francés, disfrutar de su gastronomía y nutrirte de su vida sosegada y tradicional.  


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Albi, una capital de cuento 

Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2010, Albi es una pintoresca ciudad, capital de la región, conocida por su recinto Episcopal y por ser la ciudad natal del pinto postimpresionista Henri de Toulouse-Lautrec.

Vistas de Albi con el Catedral de fondo, desde uno de los muchos puentes de la ciudad.

Bañada por el río Tarn, su precioso casco histórico es un ir y venir de callejuelas empedradas y casas de ladrillo rojo que rezuma estilo francés, con pequeños bistros, tradicionales boulangeries, pastelerías, cafés, tiendas vintage… Todo bajo el amparo de su imponente catedral fortificada Episcopal de Sainte-Cécile -data de 1282, está construida en ladrillo rojo y mide 97 metros de largo por 28 de ancho-. Las paredes interiores están cubiertas de pinturas renacentistas y su coro es una filigrana arquitectónica.

La ciudad se organiza en torno a su catedral y al Palacio de la Berbie -dispuesto justo al lado-, antigua residencia de los obispos de Albi hoy sede del Museo Toulouse-Lautrec, otra gran razón para visitar la ciudad. El museo alberga una importante colección del arte del pintor nacido en esta localidad. Los jardines del museo son también de visita imprescindible.

Las calles medievales de Albi son una maravilla para pasear. Partiendo de la plaza central donde se emplaza la Catedral y el Palacio, uno puede comenzar a recorrer las calles peatonales del centro y disfruta de su cálido ambiente. Además, con el paseo se puede observar una pícara particularidad de sus edificios: sus paredes no son verticales, se inclinan hacia el exterior conforme se alejan del suelo. El motivo: los impuestos se calculaban sobre el espacio de la planta baja, que se utilizaba normalmente como tienda, sin tener en cuenta si la planta de arriba, donde se vivía, era más grande.

Vistas del jardín del Museo de Toulouse-Lautrec y el río Tarn de fondo.

Otra bonita curiosidad de Albi es su apodo: Albi la roja, por los ladrillos rojos de sus edificios –se dice que Albi es la mujer de ladrillo mientras que Cordes-sur-ciel es la mujer de piedra. Desde lo alrededores de la ciudad y paseando por su casco antiguo, se puede admirar el tono rojizo que tiñe toda la ciudad.

Claustro de la Iglesia de Saint-Salvi.

Uno de los primeros edificios construidos en este material fue la iglesia de Saint-Salvi, un maravilloso lugar del que hoy sólo se conserva un ala del claustro, y que es sin duda un remanso de paz y belleza, perfecto para el recogimiento en pleno centro de la ciudad. Muchos lugareños acuerden allí al mediodía para comer alejados del bullicio.

Un paseo por la zona UNESCO de Albi debe sí o sí incluir los barrios de Castelvieil –castillo viejo–, Castenau –castillo nuevo–,  Saint Salvi y las orillas del Tarn. El barrio más próximo a la catedral, al sur de ésta, es Castelnau donde se encuentra la casa más antigua de Albi: La Casa del Vieil Alby, lugar de nacimiento de Toulouse-Lautrec. Hoy es un pequeño museo dedicado al artista. Otra zona de gran interés en Albi es el barrio de Lices/Vigan, donde se pueden admirar las casas de los antiguos mercaderes y burgueses.

Calle peatonal de Albi.

Edificio típico de Albi.

Pequeño bistro en el barrio de Castelvieil.

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Henri de Toulouse-Lautrec

Albi es conocida mundialmente por ser la ciudad natal del pintor postmodernista, Henri de Toulouse-Lautrec. Conocido por sus obras que retratan la noche parisina, sus mujeres pelirrojas y su trabajo de cartelería, Toulouse-Lautrec fue un prodigioso autor de finales del siglo XIX, con un estilo muy particular de tintes fotográficos al que corresponden la espontaneidad y la capacidad de captar el movimiento en sus escenas y sus personajes. Con una caudalosa obra y una vida de excesos en París, demostrado en vida y renegado por su familia, Henri de Toulouse-Lautrec muere dejando un gran legado artístico que años más tarde recogerá y pondrá en valor su ciudad natal, Albi, gracias a la donación de su abnegada madre, la única que siempre estuvo a su lado y se preocupó de poner en valor su obra.

Hoy el Palacio de la Berbie es el conocido Museo Toulouse-Lautre. Con aspecto de fortaleza, el museo merece una vista como mínimo de un par de horas. Díscolo y adelantado a su tiempo, el hijo pródigo de la ciudad nunca imaginó que sus desnudos cabareterios acabarían expuestos en un palacio que ha estado en restauración dos años para ofrecerle el mejor escaparate -abrió en marzo de 2013. El museo alberga más de mil obras del autor, entre ellas, los carteles que ilustraron la mayoría de espectáculos del Music-Hall de la capital francesa.

Obra de Toulouse-Lautrec en su museo de Albi.

Albi a orillas del Tarn.

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Las bastidas, los pueblos más bonitos de Francia

Librería Le Temps de Lire en Puycelsi.

Dejamos la capital Albi para recorrer uno de los grandes atractivos de la región del Tarn, sus bastidas. Una bastida es un tipo particular de desarrollo urbanístico propio de la Edad Media, construido con una finalidad defensiva y de explotación económica, surgido durante el siglo XIII en áreas del suroeste de Francia, en Aquitania y Occitania. Hoy las bastidas del Tarn son consideradas por muchos como ‘los pueblos mas bonitos de Francia’.

Uno de los pueblos más emblemáticos de la famosa Route des Bastides -un itinerario que visita una quincena de pueblos fortificados- es  Cordes-sur-Ciel, el conocido como ‘pueblo más bonito de Francia’ tras ser escogido en 2014 por lo espectadores de la cadena de televisión francesa France 2. También es de obligada visita Bruniquel, un pueblo que seduce por su atmósfera medieval: la muralla, los dos castillos dominando el Aveyron y la casa Payrol, bodega del siglo XII. También, la pequeña localidad de Penne, con estrechas y peinadas callejuelas empedradas y un impresionante castillo en lo alto; y Puycelsi, con una pequeña librería de cuento, Le temps de lire.

Gaillac es también para obligatoria. Situada en un meandro del río Tarn, es la población que da nombre a los vinos de la zona. Allí os recomendamos sentarnos a contemplar el panorama y beber uno de sus caldos. Lauzerte es otro tesoro del lugar, parada privilegiada del Camino de Santiago, esta localidad conserva numerosos vestigios de la Edad Media: la capilla romana de Saint-Sernin du Bosc, clasificada, la plaza des Cornières con soportales, las casas medievales con fachadas de los siglos XIII y XV…

Auvillar es también una parada pintoresca para los peregrinos. Este pueblo, famoso durante los siglos XVIII y XIX por su loza, es muy visitado actualmente por su mercado circular datado en 1825, su torre del reloj y por la iglesia de Saint-Pierre. Y muchos otros pueblos como: Lautrec, Larroque, Castelnau-de-Montmiral, Andillac… Lo mejor es que te hagas con un buen mapa y te dejes llevar, no te defraudarán.

Casa típica de la región del Tarn. Original de la época de Napoleón, hoy es el hotel Au Mas Des Calmettes.

Casa típica de la región del Tarn. Original de la época de Napoleón, hoy es el hotel Au Mas Des Calmettes.

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Los viñedos más antiguos de Francia 

El Tarn es una de las regiones con más tradición vinícola de Francia. Sus delicados caldos con DO Gaillac desde 1938 en blancos y 1970 en tintos y rosados, son el gran atractivo de la zona, cuna de los viñedos franceses. Aquí se encuentran los viñedos más longevos del país que presume de tener los mejores vinos del mundo, pues al parecer los romanos ya elaboraban en el siglo II aquí sus vinos.

Una de la mejores formas de conocer los vinos de Gaillac es realizar una cata de las especialidades de sus tres terroris en el Museo de la Abadía de Saint Michel, construido en ladrillo como la anaranjada Catedral Episcopal de Albí y con una vista impactante al río. La variedad blanca más característica es la loin de loeil (lejos del ojo). Pero quizás la principal curiosidad de los vinos de Gaillac es su effervescent brut, un vino de aguja elaborado bajo el método más tradicional que, según cuentan algunos viticultores, fue la inspiración de Dom Perignon en una de sus visitas para el champagne francés.

Plaza central de una Bastida.

Iglesia de una Bastida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

..Gastronomia y mercados 

Puesto ambulante de libros en Albi.

Y si los vinos del Tarn son conocidos, su gastronomía es también un gran atractivo. El plato estrella es la cassouletun guiso de alubias blancas, hígado de oca o pato y embutidos varios, como por ejemplo la salchicha de Toulouse. Castelnaudary, Carcassonne y Toulouse se disputan su origen y su receta depende de cada casa. El nombre proviene del recipiente de barrio donde se cuece -cassole- y los fabrican en las proximidades de Issel. Como platos, también destaca el conejo a la mostaza y todos los secretos del foie casero. Y por supuesto,  que no falten los quesos de la zona, y los croissants y pain au chocolat.

De entre los productos gourmet del Tarn, hay uno que destaca: el ajo rosa de Lautrec. Una delicatessen en la cocina francesa que se cultiva en este pueblecito medieval coronado por un pintoresco molino, a solo 35 kilómetros de Albi. Según el cartel que nos recibe a su entrada: uno de los pueblos más bonitos de Francia. Hay alrededor de 180 productores de este manjar que se recolecta a mano y se seca durante varios meses, y no salen al mercado más allá de unas mil toneladas al año.

En el Tarn los mercados son alegres y coloridos, reflejando la imagen de las tierras que componen este territorio. Por todos sus pueblos, se puede disfrutar de lunes a domingo de pintorescos mercados ambulantes, ecológicos, de productos típicos, y una calurosa acogida. Y los sábados, en el mercado cubierto municipal de la Albi se pueden encontrar hasta 350 quesos con DO así como otras especialidades autóctonas como la charcutería y los curados de Lacaune o los janots y échaudés de Carmaux -unas galletas secas anisadas.

Todo ello sin olvidar la oferta gastronómica de la zona, con un selecto y nutrido grupo de estrellas Michelin en un área más pequeña que la provincia de Barcelona.

Ajo rosa en un mercado tradicional.

Mercado de productos autóctonos en uno de los pueblos del Tarn.

Campo de girasoles en la región del Tarn.

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Fotos: Gabol.


 

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